3... 2... 1...

¿Todavía está abierto el antro este de blogger?
Parece que sí. Y todavía, en casi diez años de usuaria de estos espacios, no logro encontrarle la forma deifnitiva. Tal vez sea que no la tiene. Lamentamente, blogger no se actualiza al ritmo de aplicaciones como Instagram, Twitter, Facebook. Mantiene más o menos la misma forma hace por lo menos cinco años, lo cual ya es prehistórico para el tiempo de las redes.Y quizás sea por eso, o por mi falta de constancia o vaya a saber por qué, nunca pude mantener tampoco yo la actualización. No, tampoco prometo hacerlo ahora. Sucede que casi siempre tengo alguna idea para un texto que me da vueltas en la cabeza, y tanto que gira que se me termina perdiendo ente los abismos de la memoria. Pero de vez en cuando, una luz se enciende avisándome que todavía tengo cosas para decir, que busque la manera, y voy, blog de poesía, publicación en Face, alguna entrada al feed de Instagram, algún twit perdido...  siempre con la palabra en la punta de los dedos, haciendo fuerza para salir pero, no lo sé, una fuerza poderosa impide que se larguen por el tobogán de lo público, arrojadas hacia quién sabe qué mente lectora. También pasa esto, divago. Divago demasiado, escribo automáticamente, corrijo poco - prefiero corregir ajeno- y publico nada.  A veces pienso cuántas buenas ideas clausuré antes de dejar que se desarrollen, antes de permitirles volar, cuantas historias de terror, de amor, de fantasía se quedaron arremolinadas entre mis sinapsis neuronales hasta morir. Propongo un minuto de silencio por ellas.


Entonces, acá estoy. Con el blog número... ¿cinco, seis? Traida a fuerza de cuarentena. Porque este momento histórico que estoy viviendo es único. Estamos en aislamiento en nuestras casas por un brote de un virus de dudosa procedencia que nombraron coronavirus o covid19, para los amigos. Este virus que al parecer empezó a joder en China se fue expandiendo por el mundo cual película de Resident Evil, y ahora, convertido en pandemia, nos manda a quedarnos adentro. El Gobierno en realidad nos pidió, primero amablemente y ahora con condenas por incumplimiento,  hacer aislamiento en nuestros hogares. Lo que sucede es que aislarse cuando es de modo voluntario y en un ambiente privilegiado como el mío, es lo mejor que me puede pasar. Pero cuando quedarse en casa es obligatorio, porque afuera hay una posible amenaza... se complica. En mi caso, aislarme es no ver a mi mamá, no visitar mi casa, no quejarme amorosamente de mis sobrinos, no encontrarme con mis amistades a tomar mates, no asistir a clases de natación, estar eximida de ir a la escuela donde trabajo y encontrarme con alumnos y colegas. Reconozco mis privilegios. Vivo a dos cuadras de la casa de mi mamá, y a una de dos de mis hermanos; si no voy al trabajo, no lo pierdo, porque trabajo en el sector público; tengo comodidades que otros no tienen. Sin embargo, esta prisión preventiva para la salud comienza a resultarme fastidiosa. 
Siempre me consideré antisocial hasta ahora. Hasta este momento en que ya van casi cinco días de estar sola, bueno, con Gina, mi gata, pero casi sin contacto humano. Todo adentro mío se moviliza de otra manera. La familia, las amistades, la gente del laburo, los alumnos, todas las personas cuyas presencias a veces ya me resultaban tan cotidianas como incluso en algunos casos,  agotadoras, ahora, son lo que más necesito.


Comentarios